A veces quisiéramos decirle a alguien lo mucho que le apreciamos y lo mucho que significa para nosotras… pero a la hora de expresarnos nos complicamos demasiado y acabamos por no decir nada, asumiendo que “ya lo sabe”.

¿Por qué nos complicamos tanto? ¿Por qué nos cuesta tanto regalarnos unas palabras de cariño, amor y aprecio?
No hay justificaciones para que nos compliquemos la vida con orgullos tontos que nos alejan de las mieles del corazón. A veces no expresamos lo que sentimos, quizá no sea pertinente; no regalamos un halago ni una palabra de aliento, ¿no vaya a ser mal interpretada?; no damos un detalle, ¡tal vez no es necesario!; no le demostramos a alguien que es importante para nosotras, pues esa persona sabe que le “guardamos” en nuestro pensamiento…

Y así nos la pasamos, guardando y guardando, como quien atesora grandes cantidades de dinero, aun sabiendo que lo que tiene puede calmar la angustia de otros. La vida se transforma en una guerra en la que gana no quien ama más, sino quien “demuestra” menos. Y empezamos a creer que los demás saben cuánto les apreciamos, pero la verdad es que no hay que dar por sentada la existencia de un sentimiento, no basta con suponer… ¡Hay que decirlo! ¡Hay que demostrarlo! En suma total, ¡hay que vivirlo! Pero a veces nos convertimos en esas últimas “coca colas” del desierto que sólo reciben sin dar nada a cambio: atesoramos, amarramos y no entregamos ni un ápice de afecto… La tiña nos invade, somos tan tacañas que hasta osamos medir nuestros sentimientos.
La mínima condición del amor es que sea correspondido, y si ello no sucede, ¿qué sientes? Que no te aman y que es mejor alejarse de quien te lastima con su indiferencia. ¿Te gustaría que hicieran eso contigo? Sucede lo que afirma aquel bolero –muy bello por cierto:

“Ódiame por piedad yo te lo pido,
Ódiame sin medida ni clemencia,
Odio quiero más que indiferencia,
Porque el rencor hiere menos que el olvido.”

¿A quienes quemamos con el frío de nuestra indiferencia? Precisamente a quienes más nos aman, puesto que estamos tan seguras de tenerles a nuestro lado que a veces descuidamos abrazar a ese amor y a pesar de estar compartiendo el mismo lugar con dichas personas, puedes sentir su lejanía, como si hubiesen millones de millas por medio…
Alguien está esperando una calurosa sonrisa, alguien quiere escuchar que le amas, alguien quiere sentir tu calor, alguien quiere que le abraces el alma. ¿Por qué no darte luz verde? El mayor peligro que corres es el de amar y no sólo extender tus manos para recibir. No te olvides que uno de los placeres más bellos de la vida es dar lo mejor de nosotras y permitir que los demás hagan lo mismo.

Y si el amor sólo es cuestión de amar… ¿por qué te complicas? No esperes a que llegue el día en que tú seas condenada al cementerio en el que has condenado a vivir a quien te ama. ¡El momento es ahora! y aunque muchas veces sea difícil expresar lo que sentimos, no debemos anclarnos allí sino buscar una solución al respecto; por ejemplo, si se te dificulta hablar, puedes escribir una carta en donde expreses lo que sientes puede ser la salida. Permite que tu espíritu salga de la cárcel del silencio innecesario, da pasos lentos pero certeros, seguro en un futuro lograras no solo decir lo que sientes, sino gritarlo a los cuatro vientos si así lo deseas.
(((SoNIA)))